Lo malo es que la cosa acaba con otra conversación trascendental a las tantas de la mañana en la que ella me saca de la discoteca cuando mejor me lo estaba pasando. Se que suena superficial, pero yo ya no quiero tener esas conversaciones. Ya le he dicho todo lo que tenía que decirle y en todo caso prefiero tenerlas cuando no tenga otra cosa mejor que hacer, y en una discoteca llena de chicas guapas con ganas de fiesta tengo muuuuuchas cosas que hacer.
Vamos que el resultado de la boda fue que el Pequeño Nicolás se quedó con ganas de fiesta. Por suerte ya es martes, así que sólo quedan tres días para que Rizos y yo nos vayamos de fiesta, la noche nos espera.
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El bodorrio
Pues si, normalmente después de una despedida de soltero suele haber una boda (y digo normalmente porque después de saber lo que hizo Rizos con una novia la noche de su despedida me creo todo lo que pueda pasar).
La boda de mi amigo Pulpo es el sábado por la tarde. Ya lo tenemos todo preparado, bueno, casi, pero lo mas importante ya está diseñado. Hemos establecido una ruta desde la iglesia hasta el salón de banquetes que nos permite hacer una parada en una cervecería en la cual tienes un barril en cada mesa y te sirves tú mismo tan preciado líquido. Esto nos sevirá para pasar el interminable rato entre la boda y la aparición de los canapés, momento en el cual entre que tampoco tienes otra cosa que hacer y has comido poco para poder hacer hueco a la cena te lo pasas con la misma sensación que debe tener King Afrika sometido a la dieta de la sandía.
A mi, personalmente, las bodas tienen un componente exhibicionista que no me gusta nada. Según mi opinión si tú quieres a alguien no hace falta organizar un sarao para 200 o 300 personas, ni que te diga lo que quieres a tu pareja un miembro de una iglesia en la que no crees, o un alcalde al que no votaste que tanto da. Mas que nada porque ni ellos ni nadie sabe nada acerca de lo que pasará mas adelante. Por muy enamorada que esté la gente, la convivencia es dura y si algo puedo Peliculas Online (por experiencia propia) es que nada es para siempre.
De las bodas, lo que no me gusta, es el hecho que mucha gente se ve obligada a invitar a otros por compromiso. En primer lugar están los compromisos familiares. Estos son los que mas comprendo. Es normal que aunque tú a lo mejor no conozcas apenas a tus primos terceros tu madre si sea íntima de tu tía, y al fin y al cabo tu fuiste a la comunión de tu prima Maripili y te pusiste ciego de gambas (además teniendo en cuenta las fechas en las que se celebran las comuniones aporvechaste el día para comprobar que la hermana mayor de la tal Maripili no es tan niña y que eso que se ve en su escote puede empezar a denominarse canalillo), así que una cosa por la otra. Pero por lo que me han contado, hay gente que se ha visto obligada a invitar a los jefes, o incluso a los de sus padres. Eso ya supera cualquier límite; encima que te putean durante todo el año te toca aguantarlos en el (supuesto) día mas feliz de tu vida.